… que pasan sin enterarme de lo que me rodea. A veces recuerdo el dicho: “Trabaja para vivir, no vivas para trabajar”. Y es que ya casi no puedo saber si duermo en mi cama, o rodeado de papeles. Le hablo a un armario como si de mi padre se tratara y sueño por las noches con la faena del día siguiente. Y es que no sé desconectar…
A parte del “problema laboral” la conexión ha fallado durante cuatro días, con lo que he estado -casi felizmente- desconectado del mundo virtual. Eso me ha llevado a no dar noticias de boda, ni de piso, ni nada que merezca mínimamente la pena, así que intentaré resumir en este post, todo lo que debería haber dicho y no dije, o mejor dicho, no pude decir. Listo por temas:
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El nuevo hogar, dulce hogar.
La semana pasado visitamos la urbanización dónde vamos a vivir, como ya os adelanté. Ya tengo en mis manos el material visual -Uséase, las foticos- del interior, y todos los datos para que os hagais a la idea de lo que os espera cuando vengais a visitarnos. No os desvelaré todo para que sea una sorpresilla pero al menos, os enseñaré algunas de las fotos. Por la párte técnica, deciros que el piso es lo esperado: salón escaso, aunque con posibilidades, terraza y cocina grandes, bastante útiles. Los acabados aprobados -Nada más- con defectos en carpinterias varias, aunque un diseño del interior un tanto rácano. En fin, el lugar que tenemos que acomodar para que sea nuestro hogar en los próximos años.
Por último me gustaría destacar las puertas. Por lo visto la idea que la constructora tiene de una puerta moderna, es la misma que el director de escenarios de la serie “Cuéntame”. Y es que en la siguiente temporada de las vicisitudes de Los Alcántara en TVE, lo primero con lo que tendrán que lidiar es con el robo de sus puertas a manos de una malvada constructora -probablemente propiedad de “Don Pablo”-que las reutilizó en unos pisos de Valdespartera treinta años más tarde. Como se dijo una vez y cito textualmente: “Manda güevos”.
Y es que yo pensaba que España estaba llena de listillos que recortando un poco de aquí y otro poco de allá, se hacían de oro, gracias a los pobres infelices como nosotros. Pero me he dado cuenta de que lo que hay son muchos tontos que por no devanarse los cascos pensando, eligen lo primero que ven.
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El siempre indecente trabajo
La verdad es que no puedo quejarme de jefes en si. Ellos no tiene la culpa de lo deficientes que pueden llegar a ser otros gremios que envían trabajos a medio hacer, o incluso planos inacabados, sujetos a modificaciones de última hora -último minuto más bien-, y que retrasan nuestra labor, llegando incluso a tener que aplazar mis vacaciones por culpa de dicha gente. Gente a la que ni siquiera conozco más que por teléfono. Es difícil llegar a discutir con alguien por teléfono. Por lo menos en mi caso. Expreso muchísimo más con los gestos y las miradas que con las palabras. La opción más sencilla es y ha sido siempre la que mi -nunca excisivamente ponderado- exjefe me daba.
Él es de la opinión de que a cada cerdo le llega su San Martín, y que mientras tú no te metas con nadie, todo irá bien. Y en mi trabajo es verdad. Os voy a resumir lo que es un día de trabajo normal en mi empresa y la forma de actuar correcta:
1º- Te dan la faena, sonríe y dí que si. La haces sonriendo siempre, si te dan una opinión contraria, sonríe, acéptala, da las gracias y haz lo que te pase por la punta de la soberana rabadilla.
2º- Te modifican el plano inicial, con lo que tu trabajo de la mitad de la mañana no ha valido para nada. Intenta sonreir al memo subordinado listillo que sabe más de lo que estás haciendo que tú mismo. Sonríes. Pero él sabe que tu sonrisa significa otra cosa que no se describe con palabras y que incluye a varios miembros de la familia del susodicho, una motosierra y puede que un pato.
3º- Después de realizar la modificación, tu jefe viene con alegre actitud por la puerta y dice: “Me vas a matar, pero lo quieren todo como al principio”
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Sonríes. Tic nervioso en el ojo derecho mientras empuñas el taladro portátil que mentalmente has sustituido por la motosierra del punto dos.
4º- Tres de la tarde. Con un pié en la calle el teléfono suena. Dudas si cogerlo o no. Lo haces. Escuchas. Tienes que volver a montarlo todo de una tercera e improvisada nueva forma. Das la vuelta sonriéndo enfermizamente. Pero sonriéndo !Qué Coño¡
Así pues, y entre otras cosas la verdad es que no llevo muy buena semana. Espero mejore pronto.
Un saludo a todos!!